Desde la raza al entorno: factores de riesgo del cáncer canino

Para muchos tutores de mascotas, «la gran C» representa el mayor temor a perder demasiado pronto a sus queridos compañeros. Comprender los riesgos de nuestros pacientes nos puede ayudar a informar mejor a los clientes, realizar las pruebas de cribado adecuadas y facilitar el diagnóstico precoz, lo que son pasos clave para lograr los mejores resultados posibles.

El cáncer, por mucho que hablemos de él tanto en el entorno clínico como en las conversaciones cotidianas, sigue siendo un término sorprendentemente difícil de definir. En esencia, el cáncer es un grupo de numerosas enfermedades que se caracterizan por el crecimiento celular descontrolado, así como por la invasión y propagación de estas células a otras partes del organismo.

Esto es lo que hay que saber sobre los riesgos de cáncer que afectan a los perros.

El cáncer es una enfermedad genética.

Para comprender por qué algunos animales tienen mayor predisposición al cáncer, primero hay que entender la causa subyacente de la enfermedad y cómo se forman los tumores. El cáncer es fundamentalmente una enfermedad genética. Las mutaciones responsables de los tumores pueden deberse a:

  • Errores en la replicación del ADN durante la división celular
  • Lesión en el ADN causado por factores químicos, físicos o biológicos.
  • Mutaciones heredadas

Las causas frecuentes de lesión en el ADN incluyen:

  • Factores químicos: humo de tabaco, pesticidas y otros contaminantes ambientales.
  • Factores físicos: radiación UV de la luz solar, traumatismos e implantes quirúrgicos (p. ej., placas TPLO en osteosarcomas).
  • Factores biológicos: infecciones virales (p.ej., FeLV en gatos) y hormonas reproductivas.

El riesgo aumenta con la edad

Aunque el cáncer puede aparecer a cualquier edad, el riesgo aumenta a medida que el animal envejece. Con el tiempo, la exposición acumulativa a agentes que lesionan el ADN y los errores de replicación introducen mutaciones que aumentan la probabilidad de desarrollar tumores. En un estudio en el que participaron más de 3000 perros se encontró que la edad media de diagnóstico era de aproximadamente 9 años. Este estudio también demostró que la mediana de edad en el momento del diagnóstico varía en función de la raza (el bóxer y el bulldog fueron diagnosticados a edades significativamente más tempranas que otras razas) y del tipo de cáncer (enfermedades como el linfoma y el mastocitoma se desarrollaron antes que otros tumores).

La raza es un factor asociado al riesgo de cáncer.

Quizás no sea sorprendente saber que algunas razas tienen un mayor riesgo de padecer cáncer. Los perros de raza suelen estar predispuestos al cáncer a edades más tempranas en comparación con los perros mestizos. En ese mismo estudio se encontró que algunas razas eran relativamente más jóvenes en el momento del diagnóstico, con una edad media de entre 5 y 7 años, incluyendo razas de tipo moloso, el san Bernardo, el gran danés, el bulldog, el irish wolfhound, el vizsla y el boyero de Berna. A modo de comparación, los perros mestizos fueron diagnosticados a una edad media de 9 años. En un estudio realizado en perros de raza en el Reino Unido se indicó que las tasas de mortalidad por cáncer eran del 45-55 % en el perro de agua irlandés, el retriever de pelo liso, el vizsla húngaro de pelo duro, el boyero de Berna y el Rottweiler, en comparación con el 25 % de todas las razas.

Más allá de este riesgo general, también hay razas que tienen riesgo a específicos tumores malignos. Entre ellos se incluyen el riesgo de carcinoma urotelial (también conocido como carcinoma de células transicionales) en el terrier escocés, el riesgo de sarcoma histiocítico en el boyero de Berna y el retriever de pelo liso, y el riesgo de osteosarcoma en perros de razas gigantes (incluyendo el irish wolfhound, el gran danés y el galgo).

Los factores ambientales influyen en el riesgo de cáncer

El entorno también influye en el desarrollo de cáncer. Sin embargo, puede resultar difícil establecer una correlación definitiva entre la exposición a un carcinógeno ambiental y el desarrollo de tumores. Esto se debe a que la exposición real es difícil de cuantificar y es necesario evaluar una gran muestra de animales para detectar efectos sutiles. Por lo tanto, se han evaluado múltiples carcinógenos conocidos en los seres humanos, como el radón, el humo del tabaco y los pesticidas, herbicidas e insecticidas, con resultados muchas veces no concluyentes. En varios estudios se ha relacionado la exposición al humo del tabaco con el linfoma en gatos y con tumores nasales en razas de perros dolicocefálicos. En otros estudios se ha relacionado la exposición a residuos ambientales con una mayor incidencia de linfoma en perros. Además, en algunos estudios se ha relacionado una mayor incidencia de carcinoma urotelial con la exposición a pesticidas en el terrier escocés y a subproductos de la cloración (en el agua del grifo y las piscinas) en perros de cualquier raza.

La exposición solar también se ha relacionado con varios tipos de cáncer de piel, incluyendo el hemangiosarcoma cutáneo, especialmente en la región ventral del cuerpo. Este riesgo es mayor en áreas geográficas con mayor nivel de radiación ultravioleta.

Identificación de pacientes de alto riesgo

El diagnóstico precoz contribuye a un mejor pronóstico y a salvar vidas. Comprender el riesgo es el primer paso para el diagnóstico precoz. Identificar a los pacientes de alto riesgo en función de la edad, la raza y los factores ambientales permite a los veterinarios:

La gestión proactiva no solo mejora la tasa de supervivencia, ya que se proporciona la atención necesaria más rápidamente, sino que también mejora la calidad de vida de las mascotas y la tranquilidad de sus tutores.

Julia Medland
DVM, MS, Diplomate ACVIM (Oncology)

La Dra. Medland obtuvo su título de DVM en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, donde también completó un internado rotatorio en medicina de pequeños animales. Posteriormente, realizó una residencia en oncología médica en la Universidad de Minnesota, institución en la que permaneció durante un año como miembro del cuerpo docente clínico. Actualmente, ejerce como oncóloga en Upstate Vet, en Greenville, Carolina del Sur. Sus intereses clínicos abarcan el linfoma, el osteosarcoma y la atención oncológica multidisciplinaria. La Dra. Medland se centra en mantener una excelente calidad de vida y la dignificación del vínculo humano-animal para sus pacientes y sus familias. Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo son exclusivos de la autora y no reflejan necesariamente las posturas de The Vetiverse ni de IDEXX.


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