Introducción al linfoma canino: guía veterinaria

El linfoma afecta hasta al 25 % de todos los perros diagnosticados de cáncer.1 Se trata de un grupo heterogéneo de cánceres que se originan en los linfocitos. El linfoma suele generarse a partir de tejidos linfoides, como los ganglios linfáticos, el bazo o la médula ósea, pero se puede desarrollar en casi cualquier tejido del cuerpo. La mayoría de los perros con linfoma presentan la forma multicéntrica (con linfadenopatía generalizada) de grado intermedio a alto, cuyo comportamiento biológico es agresivo.1

A medida que conocemos más sobre esta enfermedad resulta fundamental conocer las pruebas de diagnóstico más novedosas y las opciones de tratamiento disponibles para poder proporcionar un mayor apoyo a los tutores de los pacientes durante lo que suelen considerar una situación estresante para ellos.

¿Quiénes están en riesgo?

Los perros de cualquier edad pueden desarrollar linfoma, aunque normalmente afecta a perros de mediana edad o mayores. Los perros con linfoma de células T suelen ser más jóvenes. En Europa la incidencia de linfoma en función de la raza depende del país. En los estudios se ha indicado que el rottweiler y el dóberman muestran una mayor predisposición estadística a desarrollar linfoma en ocho de cada diez países. Del mismo modo, el boyero de Berna muestra esta mayor predisposición en cuatro de ocho países. Curiosamente, solo se ha descrito la predisposición del pastor alemán y del labrador retriever en Suiza, y la del bóxer en Francia. Por otro lado, el golden retriever aparece ligeramente predispuesto en el Reino Unido, sin que se haya registrado tal tendencia en otros países.

La causa del linfoma en perros no se conoce bien; sin embargo, es probable que existan factores de riesgo hereditarios. La exposición ambiental también se ha relacionado como posible factor de riesgo, incluyendo la exposición a pesticidas, herbicidas y productos químicos domésticos de uso comercial, así como vivir en zonas industriales o próximas a instalaciones industriales. En un estudio en el que se investigó el riesgo de linfoma específicamente en perros de raza Bóxer se identificó que la proximidad residencial a centrales nucleares, proveedores de productos químicos y crematorios eran factores de riesgo.3 La función inmunitaria deficiente o alterada también puede aumentar el riesgo de linfoma.1

Presentación clínica del linfoma

La mayoría de los veterinarios conocen el típico cuadro clínico del perro con aumento de tamaño de los ganglios linfáticos. De hecho, los tutores también pueden notar la aparición de «bultos nuevos». La mayoría de los perros con linfoma multicéntrico no muestran inicialmente signos evidentes de enfermedad. Sin embargo, los perros clínicamente enfermos pueden presentar signos como disminución del apetito, pérdida de peso, vómitos, diarrea, poliuria, polidipsia o fiebre.

La presencia de otros signos clínicos dependerá de los órganos afectados por la enfermedad. Más del 80 % de los perros desarrollan la forma multicéntrica con afectación de los ganglios linfáticos periféricos. Otras formas del linfoma incluyen la gastrointestinal, la mediastínica o la cutánea, siendo la extranodal, como el linfoma cerebral, menos frecuente.1

Diagnóstico de linfoma

La evaluación del ganglio linfático afectado, mediante biopsia o citología, es esencial para confirmar la sospecha de linfoma. Se puede realizar inmunocitoquímica o histoquímica para obtener una clasificación y un diagnóstico definitivos. Sin embargo, la citología se considera una prueba diagnóstica de primera línea, sensible y específica, para el linfoma. La punción aspiración con aguja fina y la citología suelen ser preferibles a la biopsia, ya que es una técnica más económica, fácil de realizar y menos invasiva. Sin embargo, es importante señalar que ciertos subtipos de linfoma, incluyendo los linfomas indolentes menos agresivos, no se pueden identificar de forma definitiva solo mediante citología.2

Independientemente del estado del paciente es recomendable realizar pruebas diagnósticas adicionales, incluyendo el hemograma completo y la bioquímica, para identificar posibles signos de afectación de la médula ósea y valorar la función general de los órganos, así como para detectar síndromes paraneoplásicos como la anemia o la hipercalcemia. También es recomendable realizar un análisis de orina para evaluar la función renal.1 Es posible que incluso con un diagnóstico confirmado, el hemograma y la bioquímica sean normales.

Las pruebas de imagen, como las radiografías torácicas y las ecografías abdominales, también se pueden considerar para evaluar la afectación de los órganos internos. El proceso de investigar la extensión del cáncer y los órganos afectados se denomina «estadificación». Estas pruebas de imagen también pueden ser necesarias cuando se sospecha un linfoma con un leve o mínimo aumento de tamaño de los ganglios linfáticos periféricos o en presencia de signos clínicos atribuibles a órganos internos.1

El inmunofenotipo describe si el origen celular es un linfocito B o un linfocito T. Se ha extendido la idea de que los linfomas de células B tienen un mejor pronóstico que los linfomas de células T. Si bien esto es cierto en linfomas de alto grado, hay que recordar que el linfoma es variable. De hecho, algunos subtipos de linfoma de células T pueden tener un pronóstico excelente en comparación con algunos linfomas de células B.3,4 Entre los linfomas de alto grado, los linfomas de células B son más frecuentes que los de células T. Algunas razas tienen predisposición genética a determinados inmunofenotipos; el bóxer, por ejemplo, está predispuesto al linfoma de células T.5

Por último, existen numerosas innovaciones en cuanto al diagnóstico, incluyendo una prueba recientemente disponible que detecta biomarcadores de linfoma mediante técnicas bioanalíticas multimodales que incluso pueden distinguir entre enfermedades de células B y T.

Tratamiento del linfoma

La quimioterapia es el tratamiento principal del linfoma multicéntrico y, afortunadamente, la mayoría de los perros la toleran bien. El objetivo del tratamiento del linfoma en perros es lograr una remisión en la que la enfermedad sea clínicamente indetectable, manteniendo al mismo tiempo una buena calidad de vida.

El linfoma puede resultar gratificante de tratar, ya que entre el 85 % y el 95 % de los pacientes experimentan una remisión completa durante una mediana de 5 a 9 meses utilizando protocolos que combinan varios agentes como el CHOP (ciclofosfamida, hidroxidaunorrubicina [clorhidrato de doxorrubicina], Oncovin [vincristina] y prednisona). Estos protocolos tienen una duración de entre 15 y 25 semanas y se han asociado con una mediana de supervivencia de aproximadamente un año (en la forma más frecuente de linfoma).6 También se pueden considerar protocolos de tratamiento con un solo agente si no es viable el protocolo CHOP.

La radioterapia no suele utilizarse en el tratamiento del linfoma multicéntrico, a excepción de la irradiación de medio cuerpo. En un estudio reciente realizado con perros diagnosticados de linfoma de células B, los perros que recibieron radiación en la mitad del cuerpo, además de quimioterapia, obtuvieron mejores resultados a largo plazo que los perros que solo recibieron el protocolo CHOP.7

Con cualquier opción de quimioterapia, normalmente se prescriben fármacos de soporte para manejar los efectos secundarios, como náuseas o disminución del apetito, con el fin de contribuir al bienestar del perro. La prednisona es un esteroide que forma parte de la mayoría de los protocolos de quimioterapia del linfoma. La prednisona sola también es un componente fundamental de los cuidados paliativos cuando los pacientes no toleran o no responden a la quimioterapia.

El diagnóstico de linfoma en perros puede causar estrés o angustia a las familias. Comprender la enfermedad y las opciones de diagnóstico y tratamiento disponibles puede ayudar al equipo de la clínica a orientar a los tutores sobre la realización de las pruebas diagnósticas más adecuadas y a proporcionar la atención adecuada.

Referencias

  1. Vail DM, Thamm DH, Liptak JM. Hematopoietic Tumors. Withrow and MacEwen's Small Animal Clinical Oncology. Elsevier, pp. 688–772.
  2. Seelig DM, Avery AC, Ehrhart EJ, et al. The Comparative Diagnostic Features of Canine and Human Lymphoma. Veterinary Sciences. 2016; 3: 11.
  3. Seelig DM, Avery P, Webb T, et al. Canine T‐Zone Lymphoma: Unique Immunophenotypic Features, Outcome, and Population Characteristics. Veterinary Internal Medicine 2014; 28: 878–886.
  4. Hughes KL, Ehrhart EJ, Rout ED, et al. Diffuse Small B-Cell Lymphoma: A High-Grade Malignancy. Vet Pathol 2021; 58: 912–922.
  5. Craun K, Ekena J, Sacco J, et al. Genetic and environmental risk for lymphoma in boxer dogs. Journal of Veterinary Internal Medicine. 2020; 34: 2068–2077.
  6. Thamm DH. Novel Treatments for Lymphoma. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice. 2024; 54: 477–490.
  7. Best MP, Straw RC, Gumpel E, et al. Long‐term remission and survival in dogs with high‐grade, B cell lymphoma treated with chemotherapy with or without sequential low‐dose rate half‐body irradiation. Journal of Veterinary Internal Medicine. 2023; 37: 2368–2374.
Alana Kuzmik
DVM, DACVIM (Oncology)

La Dra. Kuzmik es oncóloga en el VCA Bay Area Veterinary Specialists & Emergency Hospital. Inició su carrera en oncología como asistente en el Angell Animal Medical Center de Boston, donde conoció a su futuro esposo y al gato de él. Juntos adoptaron a Kielbasa, el perro que se ganó un lugar especial en sus corazones y que, tras su partida, dejó un gran vacío en ellos, colmado de cariñosos recuerdos de revolcarse entre las hojas caídas y de lamer hasta el final los envases de yogur. Desde Boston, la Dra. Kuzmik y su familia se trasladaron hacia el oeste para cursar sus estudios de veterinaria en la Universidad Estatal de Colorado; posteriormente, completó un internado rotatorio en el Wheat Ridge Animal Hospital (también en Colorado) antes de regresar a la Universidad de Minnesota para finalizar su residencia en oncología. Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad exclusiva de la autora y no reflejan necesariamente las posturas de The Vetiverse ni de IDEXX.

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